Llegué al segundo día de aquella clase y me senté con dos nuevas en el instituto. Parecía claro, una chica corriente y una bollera. Dos chicas por cierto inseparables, nunca veías a una sola si no estaba preguntando por la otra, qué majas ellas. Y a eso de octubre me preguntó si me podía llamar ojos bonitos, y de hecho al parecer desde que nos presentamos ya me llamaba así. Y creo que si algún día dejo de ser Pablo o Pabs para ella, me gustaría que al menos quedara ojos bonitos. Y por lo demás una relación que se basaba en que yo estaba todo el día en su clase, bueno, a partir de la desaparición de #cocossinneuronas. Y ella muy maja allí, con sus cosas, siempre me pareció muy suya como para acercarme a nada, de un mundo totalmente distinto, con la cabeza ordenada en hexágonos a diferencia de mis dodecágonos. Y eso era una gran parte del misterio de su cuello. Y cuando me quise dar cuenta estaba, sin haberlo planeado, sin haberlo reflexionado un momento, tonteando descaradamente con ella por el tuenti, y al día siguiente por el messenger. Y llegábamos a clase y como si nada. Y yo decía, aquí hay dos Pals, vamos, una Pals y una PALOMA, o que venga Bragi y me lo explique. Y se lo dije. Y en un golpe de suerte, vamos, ni suerte ni hostias, ASGARD, nuestro amigo Eyjafjallajökull dijo vamos a dar un empujón a estos dos que parecen tontos. Y haciendo el tonto por el pasillo casi me la lanzo. Pero preferí esperar, asegurarme el terreno antes de andar. Y al día siguiente la saqué de clase. Y me dice la muy cachonda 'y si ahora no me lío contigo? y si te dejo con el calentón?' entre risas. Y claro yo pensando, sí sí, que igual te quedas tú, como veas. Y tras unos besos torpes nos volvimos a meter. Y 9 días después (veis?ASGARD!) estábamos debajo de un árbol en el Parque del Oeste.
Y así fue como el viernes se convirtió en el día de Pals y Pabs. Y recuerdo cómo íbamos a Oeste, y al Retiro, y a Montera, y como yo flipaba con tu pelo y me reía tanto contigo, y cómo te dije que no te pillaras porque yo no lo iba a hacer, y confié en tu promesa aunque, como solía hacer, con reservas. Y cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos en mi sofá y al día siguiente nos separamos una semana. UNA SEMANA DE MIERDA, que quiero borrar de mi lista de actos. Y claro, hubo consecuencias. Viernes en los que quedaba en casa porque esa misma tarde me decías que no quedabas por un sms y con excusas tontas. Aún hay alguna cuenta que ajustar de por ahí.
Y llegó el verano de verdad, y no supe nada de tí en todo el verano. Nada. Hubo un sms que no tuvo respuesta, comentarios en el tuenti que quedaron igual. Al final hubo otras dos excusas que me tragué. Y yo desde marzo soy defensor de mí mismo, y así me fue todo el verano. Y llegó septiembre.
Y llegó y de repente el pelo larguísimo, denso, negro rizado con el que flipaba era corto y amarillo. Y tus gafas de metal de niña buena pasaron a ser unas gafas to fashion. Y dije yo, ya está, ya ha cambiado, y seguramente no quiera saber nada de mí. Pero se sentaba enfrente mía.
Tras una serie de actos turbios me decidí a no perder tu mano, que era la única que estaba después de todo. Y diciembre fue un mes muy intenso. Tú a todas horas: mensajes, tuenti, clase, viernes, sábados...nochevieja. Año nuevo. Muchas cosas, muchos días. No recuerdo los momentos, pero recuerdo que fueron buenos. De los mejores.
En un momento dado, discutimos. En enero. Si ya en algo las ganas a todas, es en que has sido la primera tía con la que he llorado. En eso y en muchas más cosas. Desde ese día empecé a sentir el aliento frío y metálico del miedo en el corazón. Miedo que se sólo desaparece cuando me sonríes y me dice que me quieres.
Y en uno de esos experimentos nuestros apareció tu fecha nuestra, el 18 de febrero.
Avanzó el año como podía, a trompicones pero sin parar, cada día conociéndonos más, cada uno a sí mismo y cada vez más entre nosotros. Con todo.
Y viendo la situación, cómo estaba el percal, yo decidí no recuerdo cuándo, quizá en enero o en febrero, que te iba a ser completamente fiel. Y era la primera vez que decidía eso por mi voluntad en mucho tiempo. Y así me va: que lo cumplo y todo, y estoy plenamente convencido de lo que hago. Y surgió, por supuesto, de un tremendo ataque de celos, como muchas de las cosas que me surgen últimamente.
Y ya éramos lo que somos. Pero no lo decíamos. Y un día te pedí salir y te reiste en mi cara. y otro día me pediste tú salir y me reí yo en venganza. Pero el 8 de abril te pedí salir, te lo tomaste un poco a coña y me dijiste que vale. Po'bien.
Me acabo de dar cuenta de que cuando dejé a la otra me propuse buscarme una aria, pagana, que tocara un instrumento. Y no tengo nada de eso. De hecho, tengo cosas con las que ni soñaba, te tengo a tí. No puedo describirte... sigue siendo el misterio de tu cuello.