domingo, 13 de febrero de 2011

Cuando le vuelva a ver

Hoy me he propuesto hablar de ÉL. Solo un año y cinco meses nos separan, solo 36633600 segundos. ÉL era como era, con sus defectos, sus manías, sus buenos días y malas noches. Sus abrazos interminables y sus escasos besos. Sus inolvidables te quiero y algún que otro enfado, pero siempre era ÉL. Siempre lo fue, fue lo que quiso mientras quiso. Eso era lo que le hacía ser como era. ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL, ÉL.
Quiero decir que el último día que le vi, iba con sus vaqueros desgastados, esos que nunca se quería quitar porque le identificaban, esos que mi madre le rompía cuando no se daba cuenta para poder comprarle unos nuevos y que al final siempre guardaba porque le recordaban viejos tiempos. Llevaba sus botas de “chúpame la punta” como las llamaba Él. Creo que siempre le recuerdo con esos zapatos y chanclas cuando íbamos al río. Me acuerdo que hacía frío, bueno era finales de Agosto, doce de la mañana, con las maletas para coger el bus. ÉL siempre el primero, no le gustaba llegar tarde, chaqueta de pelo por dentro y camisa de rayas azules. Siempre estuve enamorada de ÉL. Tenía algo, aunque nunca se lo dije, me arrepiento cada día de no haberle dicho una sola vez: Oye, que TE QUIERO. Pero a esa edad crees que tendrás toda la vida, que no puede pasar lo que pasó al día siguiente, en fin. Ella iba con otra maleta, pensando que se meaba, su manía de no hacer pis antes de salir de casa, sí esa es mi madre. Y yo detrás de ambos, con mi pensamiento puesto en recoger el ordenador, el final del verano sin un ordenador a mano, con la abuela y el bocadillo de nocilla no es final de verano. Estábamos allí, esperando el bus, ellos con sus maletas, yo con mis cosas. Metieron las maletas en el coche y me despedí de ellos, creo que mi madre se meaba tanto que ni se acordó de despedirse. ÉL siempre fue diferente, nunca llorábamos al despedirnos, durante 16 años pasamos veranos diciéndonos adiós sin pensar en el día siguiente. Ese día me dio un abrazo, me dijo que me quería y que fuera buena, lo que me decía siempre. Me dio dos besos, olía a ÉL, a lo que olió siempre a su colonia favorita, se había afeitado, “uno no puede salir de casa sin estar afeitado”. Pórtate bien nena, se buena y no hagas de rabiar a la abuela, te quiero, no lo olvides. Te llamaremos cuando lleguemos a casa”, y no le dije nada, solo un yo también, te echaré de menos. Subió, me miró y empezó a llorar, ËL nunca había llorado al despedirse de mí. Yo me quedé allí, en Galicia, su casa, como la llamaba, como todos los veranos. Llamaron al llegar “estamos bien, todo ha ido bien, corto y cambio gorrión, te queremos”. Y yo: vale, vale! Me voy a dormir.
Al día siguiente, teníamos comida, mi abuela levantada desde las 7 porque siempre dice que hay que estar preparados para la hora, aunque la hora llegue 5 horas más tarde. Yo en la cama, todo guay…entonces llama mi madre: “ÉL quiere hablar contigo antes de ir a trabajar” “Estoy durmiendo, dile que después hablamos”. No quise hablar con ÉL por última vez, por estar durmiendo, algo que llevaré siempre conmigo. Tampoco le di importancia en el momento, no sé, como te he dicho, a esa edad piensas que siempre hay tiempo. Cuatro de la tarde, ÉL YA NO ESTÁ. Un mes después, tras semanas de esto y lo otro como te he contado, me dejó. Me prometió que nunca lo haría, por eso ya no creo en las promesas ni en sus te quiero para siempre. Me agarró de la mano en la cama y me dijo que me quería, que siempre estaríamos juntos, pero 2 días después se fue. Solo he tenido noticias de él 3 veces desde que se marchó. Como te he intentado decir desde que empecé, me arrepiento de muchas cosas, pero hay una de la que nunca podré: NUNCA ME ARREPENTIRÉ DE HABERLE QUERIDO COMO LE QUISE aunque no lo supiese, al fin de cuentas ÉL era el único en mi vida

1 comentario: